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Un condado de Texas cuestiona la construcción de un nuevo tramo del muro

La decisión de levantar poco más de 27 kilómetros de muro nuevo en el condado de Starr provocó la ira de muchos demócratas, quienes acusaron a Biden de incumplir una promesa electoral.

En las afueras de Rio Grande City, Texas, Eva Alvarez pasó junto a las tumbas de sus padres y abuelos antes de detenerse al borde del pequeño cementerio, estupefacta ante los bolardos de acero rojo óxido apilados en montones, fila tras fila, no muy lejos de su casa.

Durante años, el gobierno de Donald Trump inspeccionó y expropió terrenos a lo largo de la frontera en el condado de Starr, donde Alvarez vive, y levantó una barrera de acero en segmentos para disuadir y redirigir los cruces no autorizados. Muchos vecinos veían el muro como algo innecesario y mal concebido, y cuando el presidente Joe Biden asumió el cargo y ordenó detener la construcción, Alvarez y otros residentes de estas tierras accidentadas y casi totalmente ruralesen la frontera de sur de Texas pensaron que el proyecto había sido descartado.

Ya no.

Los residentes del condado de Starr, en especial los que tienen tierras a lo largo del río Grande, se preparan para la reanudación de la construcción después de que el gobierno de Biden anunció la semana pasada que iba a pasar por alto varias leyes y reglamentos federales para comenzar a erigir nuevas secciones del muro fronterizo en Texas.

La decisión de construir poco más de 27 kilómetros de muro nuevo en el condado de Starr provocó la indignación de muchos demócratas, quienes acusaron a Biden de incumplir una promesa electoral. Pero coincidió con una oleada de cruces no autorizados a lo largo de muchas partes de la frontera sur en las últimas semanas, lo cual ha desbordado a comunidades de Texas, Arizona y California y ha planteado un formidable desafío político para Biden.

El enorme número de llegadas ha trastocado la política migratoria tradicional, ya que algunos alcaldes demócratas, incluidos los de Nueva York y Chicago, han instado a que se tomen medidas para frenar el flujo de inmigrantes a sus ciudades, quienes llegan hasta ahí en autobuses facilitados en muchas ocasiones por el gobernador de Texas, Greg Abbott.

Eva Alvarez, cuya familia ha vivido durante mucho tiempo a lo largo del río Grande, teme que la construcción de un muro fronterizo cerca de su propiedad pueda obstaculizar el paso de los visitantes que acuden a pescar allí.

Una niña jugando en Roma, Texas.

Al pasar por alto las leyes existentes como la Ley de Aire Limpio y la Ley de Especies en Peligro de Extinción en un esfuerzo por acelerar la construcción la semana pasada, el gobierno de Biden ha dejado clara la urgencia de la situación — “una necesidad urgente e inmediata de construir barreras físicas”, según el secretario del Departamento de Seguridad Nacional, Alejandro Mayorkas— incluso cuando el propio presidente afirmó que no creía en la utilidad de los muros.

Es poco probable que la construcción del muro en el condado de Starr repercuta en el número de llegadas a lo largo de la frontera, al menos a corto plazo, según las autoridades locales, porque la zona no ha experimentado un aumento reciente de migrantes.

“Nos dijeron que esto era para reducir el flujo de inmigrantes ilegales en el país”, dijo el juez del condado, Eloy Vera, el funcionario de mayor rango en el lugar. “Si ese es el caso, y es la razón de esta medida, se está construyendo en el sitio equivocado”.

Vera sugirió que una mejor ubicación en Texas sería alrededor de El Paso o Eagle Pass, donde todos los días llegan cientos y a veces más de mil migrantes.

El gobierno de Biden ha dicho que la reanudación de la construcción de una barrera fronteriza federal en el condado de Starr fue solicitada por el Congreso mediante un presupuesto aprobado durante el gobierno de Trump. Se fundamentó en planes que ya habían estado en marcha para el condado, cuyos cerca de 66.000 residentes, en su mayoría hispanos, viven justo río arriba de los centros urbanos del Valle del Rio Grande, que, en términos generales, tienen una mayor población.

El estado de Texas también ha venido construyendo poco a poco su propia barrera fronteriza en el condado de Starr, aunque se han construido alrededor de tres de los cerca de 11 kilómetros planeados.

Desde hace tiempo, el condado ha sido un punto de cruce popular, tanto para los migrantes como para el contrabando de drogas, sobre todo en la pequeña ciudad de Roma.

“Hay gente cruzando todos los días”, comentó Alejandro Barrera, administrador municipal de Roma. Pero afirmó que los números eran manejables y que los agentes de la Patrulla Fronteriza se llevaban a los migrantes a otras áreas para procesar su ingreso. “Hasta ahora, la inmigración no afecta a la población local”, dijo Barrera, más allá de la ocasional persecución a los contrabandistas por parte de las fuerzas del orden en las carreteras locales.

La zona es conocida desde hace décadas por sus índices delictivos y tráfico transfronterizo de drogas, aunque algunos funcionarios de las fuerzas de seguridad afirman que esos tiempos ya pasaron. La ciudad de mayor tamaño, Rio Grande City, registró solo un homicidio al año durante los últimos dos años, según el subjefe de policía, Jose Solis.

El condado es uno de los más pobres de Texas —muchos de sus jóvenes se marchan a trabajar a otras partes, sobre todo a los campos petroleros de Texas— y en fechas recientes se intentó crear puestos de trabajo con el aumento del tráfico de camiones comerciales desde México. En Roma se está construyendo un gran centro industrial.

A la par del aumento del comercio legal, la actividad ilegal también ha continuado a lo largo de la frontera. Un día laboral reciente, se pudo ver avanzar en formación hacia una casa a agentes de la Patrulla Fronteriza y de las fuerzas del orden locales para una operación en la pequeña comunidad de Fronton, río arriba de Roma.

Algunos habitantes del condado afirman que la situación general en la frontera ha llegado a un punto en el que es necesario hacer algo y que un muro fronterizo podría ser parte de la solución. “No veo por qué no”, dijo Leonardo Sánchez, quien se mudó de México hace dos años para abrir una destilería de agave en un barrio histórico de Roma. “Al leer las noticias y todo lo que está pasando, entiendo por qué a la gente no le gusta lo que está pasando, abrir la puerta y dejar entrar a toda esta gente”, agregó.

Eloy Vera, juez del condado de Starr, afirmó que la zona ha tenido pocos cruces de migrantes y que el muro se está construyendo “en el lugar equivocado”.

Los funcionarios de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza se negaron a proporcionar estadísticas sobre los migrantes que cruzan la frontera en el condado de Starr y, en cambio, señalaron datos disponibles públicamente para todo el Valle del Rio Grande, que incluye Brownsville, otra ciudad de Texas que ha experimentado incrementos en las últimas semanas. Algunos grupos grandes también han cruzado por el condado de Starr.

Los funcionarios dijeron que todavía no había iniciado la construcción de una nueva barrera fronteriza en el condado de Starr.

Nayda Alvarez, maestra de secundaria de 52 años que vive en la ribera del río a las afueras de Rio Grande City, ha sido una de las residentes que más ha luchado contra la construcción del muro fronterizo desde que el gobierno de Trump lo propuso, cuando se subió al tejado de su casa y pintó la leyenda “No al muro fronterizo” en inglés y en grandes letras blancas.

Durante años, Alvarez ha luchado en los tribunales, con el apoyo de la organización Texas Civil Rights Project, y ha tratado de mantener a los topógrafos fuera de su tierra. De pie bajo un mezquite en su patio trasero, señaló el área donde, durante el gobierno de Trump, le dijeron que pasaría un muro: a unas pocas decenas de metros de su casa.

“Estoy cansada, de verdad, muy cansada”, dijo, al describir su postura ante la reanudación de la construcción por parte del gobierno de Biden, pero señaló que la mayoría de sus vecinos no se habían pronunciado al respecto. “Creo que mucha gente se dio por vencida”, dijo. “Empezando desde arriba; hasta Biden dijo: ‘Estoy atado de manos’”.

Está previsto que la barrera atraviese tierras que atraen aves migratorias —junto con turistas observadores de aves— desde miles de kilómetros de distancia, incluidos lugares como la Reserva de Vida Silvestre Salineño. Incluso si el muro no atraviesa directamente la reserva, podría bloquear el acceso y alterar la ecología, explicó Debralee Rodriguez, directora ejecutiva de Valley Land Fund, el cual administra la reserva. “El turismo de naturaleza es extremadamente valioso para el Valle del Rio Grande”, dijo.

Se tiene previsto construir las barreras en 14 segmentos, en lugar de un solo muro continuo, y consistirá en bolardos de acero de 5,5 metros de alto sobre una base de concreto móvil, según una descripción oficial de agosto. Se ubicarán principalmente en zonas donde el gobierno federal ya ha asegurado el acceso, incluso mediante acuerdos previos con propietarios de tierras, aunque quizás podrían ser necesarias algunas expropiaciones adicionales.

Alvarez, de 63 años, quien estaba visitando el cementerio ese día, vive a lo largo del Rio Grande, rodeada de familiares, en un terreno que ha pertenecido a su familia durante generaciones.

Alvarez, la decimotercera de 17 hijos, ha ignorado desde hace mucho tiempo los esfuerzos del gobierno federal para apropiarse de las tierras de su familia y levantar una barrera fronteriza.

Aun así, los bolardos de acero apilados cerca del cementerio eran una señal fatídica. Alvarez afirmó que aparecieron durante el verano, poco antes de que la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza comenzara a buscar opiniones públicas sobre la construcción de una nueva barrera fronteriza en el condado, pero no sabía si estaban destinadas a una barrera federal o a una construida por Texas. Una portavoz de la agencia estatal dijo que los bolardos no parecían ser parte de la iniciativa de Texas. Los funcionarios federales no respondieron a una solicitud de comentarios.

Un mapa de la nueva construcción propuesta publicado en agosto mostraba un segmento de barrera cercano pero no en su terreno.

De cualquier manera, Alvarez teme por la destrucción de su tierra, que incluye un parque frente al río donde, por 3 dólares por persona, o 1 dólar por niño, permite a los lugareños pescar bagres y lubinas en las rápidas aguas. Alvarez dijo que nunca se había topado con un migrante tratando de cruzar.

Una sección del muro fronterizo cerca de La Grulla

De pie en su cocina, Alvarez desplegó una pila de sobres que había recibido a lo largo de los años del gobierno federal —todos sin abrir— y otros documentos, incluidos algunos en los que se habla de la expropiación de sus tierras.

“¿Qué se supone que hagamos?”, dijo, resignada a lo que pudiera pasar. “Van a hacer lo que les dé la gana. Ellos son la ley”.

By dPrimeramano

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