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El video musical de ‘El jefe’ pone la lupa sobre problemáticas del trabajo doméstico

NYT: La cantante Shakira y el futbolista Gerard Piqué, su entonces pareja, en un partido de futbol de 2019 en Madrid.

Caso de Liliana Melgar es una excepción a la suerte que han tenido trabajadoras en los últimos años.

La historia de Liliana Melgar, una migrante boliviana que partió a España hace 15 años, refleja la trayectoria de millones de trabajadoras domésticas que limpian, cocinan y cuidan niños en hogares de todo el mundo.

Excepto que Melgar trabaja en la casa de Shakira, la estrella colombiana.

El video musical más reciente de Shakira, “El Jefe”, retrata la vida de inmigrantes pobres con grandes sueños que están atrapados trabajando para malos patrones, que ganan mucho dinero que nunca llega hasta ellos. Hacia el final, Melgar hace una breve aparición mientras Shakira canta: “Lili Melgar, esta canción es para ti porque nunca te indemnizaron”.

El video ha puesto a Melgar —que presuntamente fue despedida por Gerard Piqué, la ex pareja de Shakira y futbolista español, antes de ser recontratada por la cantante— bajo los reflectores y ha elevado el perfil de las aproximadamente 76 millones de trabajadoras domésticas en el mundo.

Las trabajadoras domésticas desempeñan un papel crucial en los hogares de América Latina y el Caribe, donde aproximadamente 1 de cada 5 mujeres empleadas son trabajadoras domésticas, reporta la Organización Internacional del Trabajo.

El cameo de Melgar en el video, que ha sido reproducido más de 57 millones de veces en YouTube, es una especie de reivindicación tras la pérdida de su trabajo —levantada por una famosa jefa. Pero su caso es una excepción a la suerte que han tenido las trabajadoras domésticas en los últimos años.

Antes de la pandemia, las trabajadoras domésticas en la mayoría de los países de América Latina y el Caribe habían obtenido nuevos derechos que establecían límites a las horas de trabajo semanales, fijaban salarios mínimos, creaban incentivos para que los patrones firmaran contratos laborales e imponían límites de edad.

Pero la pandemia azotó a las trabajadoras domésticas, provocando que muchas perdieran sus empleos. La industria no se ha recuperado por completo.

“Parece como si todavía estuviéramos viviendo el Covid-19”, dijo Ernestina Ochoa, de 53 años, una trabajadora doméstica en Lima, Perú, que ayudó a fundar el Sindicato Nacional de Trabajadoras del Hogar. “Si te redujeron el salario, nunca más te lo volvieron a aumentar”.

Aunque la mayoría de los gobiernos de América Latina han ratificado acuerdos internacionales que garantizan los derechos laborales de las trabajadoras domésticas, los defensores dicen que la pandemia debilitó la rendición de cuentas para los patrones que violaron las leyes. Las tasas de empleadas que trabajan bajo un contrato firmado y son elegibles para recibir prestaciones y protección del Gobierno —un proceso conocido como formalización— son desiguales.

Un estudio de la Organización Internacional del Trabajo en el 2020 encontró que si bien Uruguay tenía una tasa de formalización del 70 por ciento entre las trabajadoras domésticas, la tasa en muchos países de Centroamérica y el Caribe era inferior al 10 por ciento.

Y como aún prevalece la discriminación en la región, muchas mujeres indígenas y negras recurren al trabajo doméstico como el único trabajo viable y, a menudo, sufren abusos, dijeron los defensores.

“Es una batalla constante abogar por una misma en tu lugar de trabajo y decir cosas como: ‘No, señora. Mi etnia y mi color de piel son negros, pero tengo un nombre’”, dijo Ochoa.

By dPrimeramano

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